‘Vivir cada día como si fuese el último’. ‘Disfrutar cada instante’. Todas estas frases hechas suenan bastante familiares. Son parte de esos lemas optimistas que acostumbramos a leer a través de las redes sociales. Pero, y si nos llevamos todo eso a la mesa, ¿qué es lo que ocurre? Te lo decimos ya: que nace Efímero, un restaurante especializado en cocina de mercado y producto de temporada, en el que la carta se renueva a diario. Una sabrosa oda al ‘Carpe Diem’ ubicada en plena plaza de Colón.

Desde el momento en el que accedemos a Efímero, a través de sus escaleras, nos damos cuenta de que lo auténtico es lo que manda en la filosofía de este local. Un gran salón comedor decorado con detalles que evocan la vida rural, la cara más tradicional de nuestro país; algo que conecta directamente con lo que probaremos en sus platos. Jardines verticales se entremezclan con objetos de diseño y guiños a la artesanía popular. Todo ello no desluce -sino más bien todo lo contrario- una decoración elegante, con grandes mesas en las que se cuida hasta el último detalle. Sobre cada una de ellas, actuando a modo de centro, relojes de arena de formas y tamaños variados que nos va haciendo a la idea de la importancia que va a tener el dios tiempo cuando estemos sentados a la mesa de Efímero.

Y es que, tal y como nos cuenta uno de los artífices del proyecto, Joaquín Serrano -jefe de cocina que lidera estos fogones en continuo cambio- la principal motivación del proyecto es subrayar la importancia del buen producto de temporada de diferentes partes de España. Aquí no hay productos congelados y se trabaja con proveedores que traen al local de Colón solo lo más fresco (desde los quesos de Cultivo hasta el marisco de O Percebeiro). Por eso, la carta de Efímero no se puede consultar, se escribe a mano a diario y se adapta en función del producto que haya llegado ese día a las cocinas. Nos cuenta Serrano que sí hay recetas que permanecen y que, aunque en un inicio se trabajaron unos 100 platos diferentes, siempre hay lugar para la improvisación a merced del mercado.

CARTA EFÍMERA

Ya sentados en una de sus mesas corridas con grandes ventanales y súper vistas de Colón, echamos un ojo a la carta. En este entorno efímero, encontramos una lista escrita a bolígrafo de alrededor de 20 platos que pueden pedirse como medias raciones, tercios o cuartos, con el fin de que el comensal pueda probar la máxima cantidad de platos posibles. Verduras (porque en efímero un vegetariano puede comer, y muy bien), carnes, pescados y un capítulo dulce que es el más estático del menú.

Nos ponemos manos a la obra con la Ostra francesa con perdiz escabechada, un mar y montaña en el que ya somos conscientes del productazo que se nos avecina. Tras él, el Berberecho XL a la sartén, tan fresco y sabroso que un toque de sartén y un chorrito de aceite de oliva es suficiente para que este plato brille con luz propia. Seguimos con un alimento tan sencillo como el puerro; aquí Puerro braseado, menier trufada y caviar. En este plato llama especialmente la atención la ternura de esta verdura que prácticamente se deshace en la boca. Continuando con esos platos de materia prima humilde pero con múltiples posibilidades, conocemos el Cardo con sopa de foie. Y cerramos el capítulo de entrantes con el que es, sin duda, el plato estrella que, por algo se mantiene cada día en esta carta efímera: Torrija salada, caldo ahumado de cebolla. Serrano se ha encargado de darle un giro de tuerca a la sopa de cebolla más clásica y convertirla en esta delicia que aúna intensidad en el sabor y sorpresa en las texturas. Imprescindible.

Llegamos a los principales y sí, carnes y pescados son los que más alternan en este menú volátil. En nuestra visita hubo San Martiño con porrusalda de apionabo y hojas de otoño, un plato de pescado que sabe a fuego lento y comida en familia. Por su parte, el Pichón a la brasa, salsa Perigord y chantarella está tan bien ejecutado que encontramos en este plato una carne tierna que deja con ganas de más. Toda esta degustación conviene regarla con los vinos que nos sugiera Luis Baselga, el sumiller de Efímero. A pesar de su juventud, puede presumir de amplia trayectoria y trata con mimo los caldos que también siguen esa filosofía de pequeño productor, acorde al resto del local. Antes de que lo efímero dé paso a nuevos productos, merece la pena degustar alguno de sus postres. La mezcla original de texturas y sabores llega de la mano de las Natillas de pistacho, melocotón y café , que harán las delicias de los enamorados de este fruto seco. Pero, sin duda, puestos a elegir, es más que necesaria la Crema catalana con miel fresca, cuya presentación va a dar que hablar en la sobremesa.

Así, con el dulzor y la sorpresa, el tiempo de comer se ha terminado. Lo Efímero no dura para siempre y, jugando esa baza, apetece volver para descubrir la próxima improvisación de este equipo, esa que te hace sentir un comensal especial en este restaurante.

Dirección: Marqués de Ensenada, 16 // Metro: Colón // Teléfono: 910 88 75 10 // Horario: de 13:30 a 16h y de 20:30 a 23:30h // Precio medio: 40-50€